3 de julio de 2016

Recordando a... Gerardo y Angelita

Este año 2016, en el libro de fiestas de San Juan, la sección en la que se suelen recordar figuras de vecinos que formaron parte del día a día del pueblo de Castiello, estuvo dedicada a Gerardo Castro Céspedes y su mujer Angelita Ordieres Buznego, quienes, durante muchos años, fueron los “conductores oficiales” del vecindario de Castiello de la Marina. Estos dos vecinos tan queridos ya no están entre nosotros, por lo tanto, sirva esta pequeña reseña sobre sus vidas como recuerdo hacia ellos.

Cuentan de Gerardo, natural de Piñole, que de chaval era muy diestro trabajando de carpintero y tampoco se le daba del todo mal la fragua. Como se suele decir “era curiosu pa todo”. Se casó con Angelita, también natural de Castiello, en 1953. En aquella época, Gerardo recogía la leche por algunas ganaderías y la subía a Venta las Ranas con un carro y un burro.
En 1956 inauguran el bar “Casa Gerardo” (actualmente Bar “La Figar”). Eran tiempos en los que los bares cumplían un gran papel en los pueblos. “Casa Gerardo” se consolidó como un punto de reunión en el que se vendía mucha sidra, se consumían gran cantidad de centollos y los clientes, unos mejor y otros peor, se recreaban con sus cánticos. 
Uno de los clientes más populares en los bares de la zona en aquella época era Aladino Barro, quien bautizó “Casa Gerardo” como Bar “Los Claveles”, debido a la gran cantidad de flores que Angelita cultivaba por los alrededores. Otro cliente que de cuando en cuando se dejaba ver por el bar era Jesús “el probón”, cuya visita era muy grata, pues hacía el deleite de niños y niñas por su carácter afable y su buen humor.
 
En los inicios, era Angelita quien se ocupaba del bar, ya que Gerardo seguía con el negocio de la leche; por aquel entonces ya lo hacía con una camioneta. Recogía la leche de varios ganaderos del pueblo, tales como Concha, “Arsenio Felisa”, Antonio, Isauro, Tina, Enrique Ordieres, Lelo o Hilario entre otros y, parte de ella, la entregaba en Venta las Ranas para la fábrica “La Campesina”. La otra parte se llevaba a Gijón a vender a la calle San Antonio, donde tenía una tienda Gloria la de Arroes. También suministraba a la Granja Azul, tienda cercana al ayuntamiento, además de a muchos particulares.  A parte de recoger la leche por Castiello, también lo hacían por Villaverde.

Los miércoles de El Portal, por ejemplo, eran días señalados en los que Gerardo transportaba también viajeros a las fiestas de Villaviciosa. Su sobrino, Pepe el de Piñole, en esas ocasiones especiales desempeñaba la función de cobrador, aunque más tarde también empezó a conducir la camioneta. En una ocasión, yendo Pepe de conductor y su mujer Araceli de acompañante, uno de los viajes consistía en llevar los músicos a las fiestas de Candás. Un grupo de hombres les paró con la intención de asaltarles y robarles, pero Pepe, con gran habilidad al volante, consiguió correr más que ellos y darles esquinazo. Pepe estuvo trabajando con su tío hasta que, en 1961, empezó con camiones y autobuses en Gijón.
El trabajo con la camioneta iba creciendo y Angelita, con esa osadía que la caracterizaba, sacó el carnet  de conducir para así arrimar el hombro en el negocio familiar. Dicen de ella que fue la segunda mujer con permiso para conducir ese tipo de camionetas en Asturias, después de Xavina (de Autos Xavina). A partir de ese momento se convirtió en la “conductora oficial” de los vecinos de Castiello de la Marina, quienes siempre elogiaban sus dotes como chófer.
Los miércoles, día de mercado en La Villa, Angelita llevaba a muchas mujeres a  vender a la plaza los productos de casa y de la huerta. Una de esas mujeres era “Lola Tomás”, que llevaba siempre huevos a vender, que compraba previamente por las casas del pueblo. Los sábados, en cambio, los viajes eran a Gijón. Ella usaba una camioneta pequeña de 9 plazas y Gerardo usaba la grande, apodada “La Nicanora”. Por aquel entonces era muy común ver a Araceli la de Pepe despachar en el bar, al estar Gerardo y Angelita trabajando con las camionetas.
A principios de la década de los 60 Gerardo y Angelita alquilan el bar a Alfonso y a Rosa y se dedican en exclusiva al transporte de leche y viajeros.  La flota seguía creciendo, esta vez incorporando un turismo marca Chrysler. Gerardo empezó a usar aquel “aiga” color negro como taxi y, cómo no, muchas veces también para llevar la leche. Un cliente asiduo de dicho taxi era D. Agustín Foyaca De La Concha, el médico de Venta las Ranas, quien echaba mano de Gerardo cuando su propio coche estaba averiado.
 
Los veranos eran épocas muy ajetreadas para el transporte de personas con las camionetas. La gran cantidad de fiestas y romerías que se celebraban en época estival hacían que Gerardo y Angelita recorrieran, día sí y día también, gran parte del concejo de Villaviciosa y alrededores: Villaverde, San Justo, Argüeru, Arroes, El Portal de la Villa, Lieres, Lastres, Tazones, Lué… eran unos de tantos destinos habituales durante el verano. En muchas ocasiones teniendo que quedar hasta el final de la fiesta para esperar por algún viajero rezagado.
En aquella época eran muy comunes las “pescatas”: excursiones de vecinos a las playas (Rodiles, Lastres, Ribadesella, Vidiago…) donde los paisanos pescaban, las mujeres lo cocinaban y pasaban una amena jornada de compañerismo y armonía.
“La Potina” y “La Potona” fueron apodos de algunas de las camionetas que fueron pasando por manos de Gerardo y Angelita. Él era quien las arreglaba y las modificaba, haciendo gala de su buen hacer con la fragua y la mecánica. En una ocasión compró un camión con caja que se dedicaba a la venta de vino en Valdevimbre y lo modificó él mismo hasta convertirlo en una camioneta de


transporte de viajeros. Todos sus vehículos fueron carrozados por él, exceptuando el último que tuvo. Sus hijas recuerdan que, cuando eran pequeñas, le ayudaron a construir un pequeño autobús blanco; la labor que desempeñaban las niñas era la de remachar las chapas. Por lo visto estuvo largo tiempo construyéndolo y acabó remplazando a una de sus camionetas, que resultó destrozada por completo en un grave accidente que tuvo Gerardo en Venta las Ranas con un camión que chocó contra él.

Hacia 1970, cuando Alfonso y Rosa dejan el bar, vuelven a hacerse cargo de él Gerardo y Angelita. Ella seguía dedicándose al transporte de leche y viajeros y Gerardo se ocupaba más bien de las reparaciones y también construyendo carros. Por ese motivo fue su hija Pili quien prefirió hacerse cargo del bar-tienda, ya que su hermana Rosa Mary se encontraba estudiando en Gijón. En  la tienda compraba prácticamente todo el pueblo, pues había todo tipo de comestibles, y en aquellos tiempos no se iba a las grandes superficies como se va hoy.

Angelita iba por la mañana con leche y viajeros a Gijón y volvía sobre las 2 o las 3, por lo tanto era Pili quien se encargaba de dar las comidas a multitud de obreros de la construcción y la madera que acudían al bar. Algunos eran obreros de Cradi en casa de Turueño. Más o menos 8 trabajadores de esa empresa estuvieron comiendo diariamente en el bar durante 8 años. Además, eran muchos los trabajadores de la madera que acudían al bar a calentar su propia comida y tomar algo allí.
El bar se hizo muy popular en los alrededores por los campeonatos de brisca, que congregaban gente de muchos pueblos. Había además buenos premios como aceite, jamones, lacones… incluso cochinillos vivos.
A finales de los 70, cuando Pili se casó con Senén, dejó el bar y sólo iban a Castiello los fines de semana, al igual que Rosa Mary y Joaquín. Fue entonces cuando Angelita se hizo cargo del establecimiento, abandonando el transporte de leche y viajeros.
Durante más o menos 12 años el bar siguió dando comidas y teniendo tienda. Continuaron los campeonatos de brisca  a los que acudían populares jugadores de la época como Juan Morís y Pedro el de Pipi, Guillermo el de Vevi, Guillermo El Fontín, Santiago, Ramón, Floro…
Los fines de semana, Senén siempre se encargaba de la barra, en muchas ocasiones hasta altas horas de la madrugada. El trabajo se coordinaba en total consonancia entre Angelita y Gerardo, sus hijas y sus yernos.

Finalmente, y tras muchos años de trabajo y sacrificio, a principios de la década de los 90, deciden dejar el bar y las agotadoras jornadas que exige la hostelería, pues la salud y las energías ya no eran las mismas que en los inicios. No obstante, tanto Gerardo como Angelita, siguieron dedicados al trabajo hasta que la salud se lo permitió a ambos.
 
Desde la Asociación de Vecinos de Castiello damos las gracias a los familiares de Angelita y Gerardo por prestarnos su tiempo y sus testimonios para poder llevar a cabo esta humilde reseña sobre sus vidas.


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